El camino que eligió Daniel Scioli para conseguir el apoyo del kirchnerismo en las próximas elecciones presidenciales por momentos se convierte en un via crucis difícil de soportar. En el Frente para la Victoria asumen (con resignación) que el gobernador es el candidato oficialista con mayor caudal electoral, pero están decididos a sojuzgarlo hasta el final y sin contemplaciones. Ya no sólo se habla de que el armado de las listas y la elección del vicepresidente serán potestad exclusiva de Cristina Kirchner. La novedad es que el mandatario bonaerense es sometido desde hace un tiempo a un cepo mediático ordenado por la jefa de Estado, que incluye una lista de 30 temas que no puede criticar. La lista incluye restricciones concretas que Scioli y sus delfines políticos deben respetar al momento de hablar sobre asuntos sensibles como el dólar, la inflación, el déficit fiscal, el fracaso del Cedín y el derrumbe de numerosos indicadores económicos. La libertad discursiva del sciolismo se limita a la «autonomía» que tienen sus dirigentes paraelogiar sin limitaciones la Asignación Universal por Hijo (AUH), la entrega de computadores en el marco del plan «Conectar Igualdad» y los denominados «Precios cuidados», entre otros programas implementados por el gobierno nacional.